jueves, 4 de marzo de 2010

Valdivia 1960

Valdivia 1960


Anoche Ana tuvo múltiples sueños. Demasiados se dijo al despertar con un collage de imágenes que recuerda ahora y que remiten a momentos importantes de su vida. Sin embargo recuerda nítidamente la última escena.Una calle ,ella recogiendo la botellas y papeles que dejan los transeúntes  hábito que tiene para mantener limpia la avenida porque la primera lluvia fuerte que cae inunda todo por los desagües tapados.Dentro de la imagen del sueño está haciendo eso. Levanta la vista y cruzando la vereda por la esquina ve a su hija que se dirige al trabajo. La mira. Es joven ,es apasionada por su profesión , trabaja sin descanso defendiendo los derechos de los otros. Hasta aquí la imagen del sueño.Ana ahora precisamente está con la bolsa en la mano.Piensa en la imagen, piensa en esa bolsa de residuos y en su hija. Ana piensa que ya es hora de que su vida no pase por la de ella, que debe dejarla volar aunque se dice siempre lo hizo porque María armó su vida como quiso.Igual piensa en eso del desapego.Vuelve a entrar en su casa. Prende el televisor,ve las noticias que ya vio anoche y alguna novedad de Chile que es lo que le interesa. La abisma el terremoto que está allí nomás. Lamenta tener la edad que tiene, porque si no fuera por la edad  ya no estaría aquí sino allá se dice.Es más quiere estar allá. Quiere ver qué está pasando quiere sentir en carne viva lo que mínimamente sintió cuando era muy joven y las ondas del terremoto de Valdivia llegaron a su provincia. Recuerda ese día. Su madre estaba en cama hacía meses por un deslizamiento de un disco que le impedía estar de pie. Los tratamientos no daban resultado y su madre estaba cada día más angustiada. Recuerda que le llevaba un libro cuando atravesaba el amplio salón y sintió que el piso se movía. Miró hacia el techo y las dos sólidas arañas de bronce  oscilaban como un péndulo.Eran grandes,pesadas y oscilaban. Tuvo miedo miró al costado y la misma lámpara de la biblioteca también se movía.Corrió hasta el cuarto de su madre. y la encontró exaltada por no poder levantarse.Junto a ella estaba su hermana mayor. Fueron segundos eternos. Se pusieron las dos debajo del dintel de la puerta  ahora no recuerda cómo habían aprendido que en caso de desastres ése era el lugar para protegerse o debajo de una mesa o de una cama. Estaban aterradas porque no sabían cuánto iba a durar.La sensación en los pies era la misma, una ondulación que en nada se parecía a la de las mareas que conocían desde niñas. Ahora Ana recuerda la escena y piensa más que nada en los ojos de su madre esos ojos que mostraban el terror de estar sujeta a una cama sin poder disponer de su cuerpo. El terremoto de Valdivia pasó.Los años pasaron.Su madre tiempo más tarde se recuperó e hizo una vida plena viajado por el mundo en continuo movimiento. Ahora Ana sabe que esa secuencia de su juventud casi niña no la olvidó nunca.Saca de una antigua caja de madera la fotografía del desastre que recortó de un diario. Piensa en lo que sucedió ahora en Haití y en  Chile.Se siente cansada e impotente. No le alcanza con las colaboraciones que hace quiere estar allí pero sabe que no puede. Ahora es ella y no su madre la que siente una inmovilidad que la perturba.Guarda la fotografía .Apaga el televisor y se dedica a llamar a cada uno de sus hijos repitiéndoles por millonésima vez cuánto los ama. Nada dice de su anhelo de cruzar la cordillera, ni de Haití.Se sienta  abre la compu y escribe un mail a su amiga que está a punto de partir para radicarse en la Toscana. Dentro de pocos días celebrará sus cincuenta años en Venezia. Los pensamientos de Ana están con ella y su sueño.Sabe que se merece esa oportunidad de cambiar de rumbo.Ana también  sabe  que ella no llegará nunca a Haití ni a Valdivia en este 2010.