miércoles, 3 de marzo de 2010
El silencio que mata
Nahuel está esperando que su madre le alcance un toallón seco.Ha salido de la bañera y espera.La madre no aparece y el escucha un gran silencio en la casa. Se acerca a la puerta y la entreabre. Desde ese ángulo no ve nada. Sale al pasillo. Está desnudo y mojado. Llama a la madre. Silencio. Empieza a gritar .Va hacia el living.No ve a nadie, está asustado.Vuelve por el pasillo al dormitorio de ella. Piensa que puede estar acostada por su jaqueca pero no, cuando entró a bañarse no comentó nada sobre sus dolores de cabeza. Abre la puerta. Tampoco está allí. Comienza a temblar. Tiene miedo de que él haya vuelto.Grita llamando a su madre. Va a la cocina ,al lavadero y su madre no está. Por el pasillo lateral abre la puerta del garaje. Tampoco la encuentra. Grita una y otra vez. Del otro lado de la medianera, Patricia lo escucha. Se acerca rápido. Entra en la casa y se encuentra con Nahuel quien desolado llora tirado en un rincón de la cocina. Corre a cubrirlo con una toalla.Mira a su alrededor y ve la botella de wisky. Vuelve la película que ya conoce. Abraza a Nahuel y le pide que le cuente lo que sabe. Lo ayuda a vestirse y van a la comisaría, después vuelven a la casa. Patricia ya ha llamado a Dolores su amiga, es decir la amiga en común de Laura, la madre de Nahuel. Empieza la búsqueda y la espera .Pasan las horas. Al atardecer la apacible cuadra del barrio se convierte en un torbellino de vecinos y aparece la primera cámara de televisión.Todos opinan, nadie sabe nada, sólo sospechan de Mario Torrente el padre del chico. Cada uno da una versión de este hombre. Mientras tanto Patricia y Nahuel están en la casa. Dolores con su marido salieron a buscar a Laura con otros amigos.El padre de Laura quien ha perdido su mujer hace sólo seis meses,viene viajando desde el sur avisado de la situación. Sabía que un día se encontraría haciendo ese viaje.La distancia es larga, los pensamientos también. Nahuel ha entrado en un silencio espeso. No habla, no come, sólo se acurruca en el rincón de su cama. Allí recuerda las veces que el padre lo amenazó con golpearlo si decía algo, que el asunto era entre su madre y él. Siempre olía a wisky aunque últimamente se le sentía un fuerte olor a vino. Llegaba a tomar varias botellas en un rato, sentado a la mesa de la cocina, mientras discutía con su madre. Nahuel no puede evitar recordar. Los gritos eran truenos en su cabeza y él quería que terminaran, quería que su mamá finalmente le dijera que se iban a otro lugar donde él no pudiera encontrarlos. Pero eso no ocurrió y ahora su madre no está, no la encuentran. Mira la pared donde tiene pegados su fotos y recortes de revistas. Fija la vista en una imagen que su madre le pidió que no la tirara para que recordara que alguna vez había sido feliz. La foto los refleja a los tres sonrientes en el paisaje nevado de Bariloche, él era casi un bebé. Llora con la cabeza entre las piernas. No tiene ni fuerzas para arrancar la foto de la pared. Sólo quiere que su mamá vuelva . Pasan las horas y él no quiere salir de su cuarto ni de su cama. En la casa hay movimiento, demasiado movimiento.Ya es de noche cuando reconoce una voz. Es el abuelo Martín quien entra en su cuarto. No dice nada. Lo abraza. Al abuelo se le nota el cansancio del viaje y la tristeza pero no llora ni grita. Sólo acaricia a ese niño, hijo de su hija que esta viviendo este infierno. Sabe que Laura ya no volverá más. En la rotonda de ingreso al pueblo vio los patrulleros y la ambulancia. Supo sin que nadie se lo dijera ,que allí estaba Laura. Antes de llegar a la casa acompañó el cuerpo de su hija hasta la morgue policial.Ahora abraza más fuerte a Nahuel. A sus sesenta y dos años sabe que tiene que volver a ser padre.