Perfecta no tenía dudas. Quería cruzar el Atlántico e irse de ese paisaje que no le gustaba, que no le daba el espacio que ella creía necesitar aunque sabía que nunca más iba a poder mirar esas rias que cada mañana recorría por el sólo placer de estar sentada allí mirando la lejanía del universo en la línea del horizonte. Siempre miraba el horizonte y soñaba . Imaginaba qué ciudades,qué gente, qué árboles que no fueran los que ella tenía como recurrente presencia en su pueblo, existían más allá. Eso pasaba durante el día, de noche se pasaba horas mirando las estrellas aún en los fríos inviernos de Vigo. Las estrellas en la noche recoleta le hacían compañía. Nadie la molestaba cuando se sentaba en el patio o se quedaba parada mirando hacia el cielo. Era hinóptica esa atracción por el mundo de arriba. Perfecta quería cruzar el Atlántico siguiendo la guia de sus estrellas.Y empezó a construir su sueño. Como era menor necesitó la complicidad de Francesco el cura de la parroquia. Era huérfana de padre y el discurso de Francesco apelando a que en América ya estaban parientes que la podían cobijar no convenció a la madre.Ella no se amilanó. Siguió sus diálogos con las estrellas durante días, meses . El cura insistía ayudándola. Al fin se coordenaron las circunstancias y pudo partir dejando detrás de sí el llanto de su madre que le pedía que no se fuera . Perfecta se tapó los oídos para no oir el canto de sirena ( ésta llorona) de su madre.La travesía fue larga y por momentos peligrosa. Muchos fueron los días de viento y frío y también muchas las noches estrelladas. Perfecta como siempre miraba el horizonte y las estrellas aislada del resto de los pasajeros.Entre esa línea recta hacia la cual iba y el cielo, estaba ella con sus pensamientos y sus pocas palabras. Los otros ya no la molestaron con sus preguntas cuando vieron la insistencia de ella en callar y mirar los dos puntos de su propio universo. América no fue lo que imaginó, pero nunca dijo nada. Se acostumbró al nuevo paisaje de fuertes vientos fríos. Pero siguió mirando el cielo. Se casó con el hombre que eligió y tuvo la familia numerosa que todas las mujeres tenían en su época. Y siguió mirando las estrellas y la imagen que diseñaba la Cruz del Sur con la cual, sospechaban sus hijos, entablaba diálogos que nunca tampoco llegarían a saber.Uno de los hijos de sus nietos, sólo uno de los muchos que tuvo, heredó esa pasión por la noche estrellada. Ahora él también ,ya adulto, enseña a su ahijado a mirar el cielo a través de ese largavista que acompañó su infancia en los momentos difíciles que siguieron al divorcio de sus padres.Sobrino y tío repiten el diálogo con las estrellas de esa mujer que no conocieron.La bisabuela Perfecta ,como Ulises ,navegó su cielo pero nunca volvió a Itaca.
viernes, 5 de marzo de 2010
Herencia de cielo
Perfecta no tenía dudas. Quería cruzar el Atlántico e irse de ese paisaje que no le gustaba, que no le daba el espacio que ella creía necesitar aunque sabía que nunca más iba a poder mirar esas rias que cada mañana recorría por el sólo placer de estar sentada allí mirando la lejanía del universo en la línea del horizonte. Siempre miraba el horizonte y soñaba . Imaginaba qué ciudades,qué gente, qué árboles que no fueran los que ella tenía como recurrente presencia en su pueblo, existían más allá. Eso pasaba durante el día, de noche se pasaba horas mirando las estrellas aún en los fríos inviernos de Vigo. Las estrellas en la noche recoleta le hacían compañía. Nadie la molestaba cuando se sentaba en el patio o se quedaba parada mirando hacia el cielo. Era hinóptica esa atracción por el mundo de arriba. Perfecta quería cruzar el Atlántico siguiendo la guia de sus estrellas.Y empezó a construir su sueño. Como era menor necesitó la complicidad de Francesco el cura de la parroquia. Era huérfana de padre y el discurso de Francesco apelando a que en América ya estaban parientes que la podían cobijar no convenció a la madre.Ella no se amilanó. Siguió sus diálogos con las estrellas durante días, meses . El cura insistía ayudándola. Al fin se coordenaron las circunstancias y pudo partir dejando detrás de sí el llanto de su madre que le pedía que no se fuera . Perfecta se tapó los oídos para no oir el canto de sirena ( ésta llorona) de su madre.La travesía fue larga y por momentos peligrosa. Muchos fueron los días de viento y frío y también muchas las noches estrelladas. Perfecta como siempre miraba el horizonte y las estrellas aislada del resto de los pasajeros.Entre esa línea recta hacia la cual iba y el cielo, estaba ella con sus pensamientos y sus pocas palabras. Los otros ya no la molestaron con sus preguntas cuando vieron la insistencia de ella en callar y mirar los dos puntos de su propio universo. América no fue lo que imaginó, pero nunca dijo nada. Se acostumbró al nuevo paisaje de fuertes vientos fríos. Pero siguió mirando el cielo. Se casó con el hombre que eligió y tuvo la familia numerosa que todas las mujeres tenían en su época. Y siguió mirando las estrellas y la imagen que diseñaba la Cruz del Sur con la cual, sospechaban sus hijos, entablaba diálogos que nunca tampoco llegarían a saber.Uno de los hijos de sus nietos, sólo uno de los muchos que tuvo, heredó esa pasión por la noche estrellada. Ahora él también ,ya adulto, enseña a su ahijado a mirar el cielo a través de ese largavista que acompañó su infancia en los momentos difíciles que siguieron al divorcio de sus padres.Sobrino y tío repiten el diálogo con las estrellas de esa mujer que no conocieron.La bisabuela Perfecta ,como Ulises ,navegó su cielo pero nunca volvió a Itaca.