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jueves, 29 de abril de 2010

Myriam no crece

Myriam sueña todo el día despierta y  también lo hace dormida. Myriam sueña que Hernán se encuentra con ella en la misma ciudad y que ambos están como antes, como hace algunos años, haciendo sus carreras en una empresa que , también sueñan los dos, los llevará fuera del caos del país que ya los deprimió lo suficiente como para querer emigrar a cualquier precio. Eso es la vida pasada de Myrian pero sigue en sus sueños diurnos y nocturnos. Hernán está allí omnipresente y a la vez, omniausente. Ella todavía no cesa en su ilusión de volver a estar con él. Le perdona todo, porque cree amarlo más allá del dolor. Myrian paradójicamente no olvida, pero se aferra a lo único que conoce, la presencia de Hernán en su vida diaria, en su trabajo, en su cama.  Myriam sueña con encontrarse  con Hernán , aquél  que fue antes del primer golpe. Ella le avisó que estaba embarazada y él respondió con el golpe. Fue el primero y no el único. Siguieron juntos porque Myriam lo ama, o cree amarlo. Ya se ha deshecho en lágrimas por la pérdida del embarazo y por la pérdida de Hernán. Se culpa por no haberse cuidado más responsablemente. Se culpa por haber entorpecido la ilusión de viajar y hacer otra vida afuera, se culpa porque ahora  está sola y cree que se lo merece. Cada uno de estos pensamientos se los inculcó él con sus golpes, sus reproches, y su abandono. Hernán ahora está donde quería estar , como ejecutivo en una empresa en Medio Oriente. Myriam  espera que Hernán vuelva, que la perdone y que se la lleve con él como habían planeado cinco años atrás, antes del anuncio del embarazo, de los golpes y de los reproches.  

martes, 20 de abril de 2010

El camino de baldosas amarillas

La mamá de Glinda de niña había tenido la terrible experiencia de ver cómo, en un santiamén , una manga de langostas devastaba el sembradío dejando yermo lo que minutos antes había sido un maravilloso campo amarillo de girasoles  que se extendía más allá de lo que la vista alcanzaba. Eso había ocurrido muchos años antes. Ahora la mamá de Glinda ante la cantidad de terremotos, tornados, erupciones de volcanes  que hay,  le cuenta otra vez a Glinda el miedo de su infancia con las langostas llevándose todo . Eso había ocurrido allá lejos en el Chaco, pero ahora ellas viven en Buenos Aires y no  hay langostas y no pasa nada de lo que muestran en la tele, pero igual la madre tiene miedo porque la asusta tanto movimiento de la tierra y dice que es como las langostas que destruyen todo y que la Biblia  habla de esas plagas. Glinda la mira con los ojos bien abiertos pero ella, no sabe por qué, no tiene  miedo . Sabe que el miedo de su mamá es también el de mucha gente porque en la televisión a cada rato muestran  los desastres que están pasando y alguien siempre habla del fin del mundo, pero ella no cree lo que dicen . Anoche después de los nuevos terremotos que mostraron , su mamá tiene más miedo ,entonces es ella quien ahora le cuenta el cuento del camino de baldosas amarillas que tantas veces le repitó. Cuando la escucha , la mamá sonrie y la abraza contra su pecho y la besa una , dos, cien veces  y ya no ve la manga de langostas que la obsesiona, ni los terremotos ni tampoco  a su  padre quien se hizo alcohólico y muy golpeador después del paso de la manga de langostas hasta que al final se fue y no volvió nunca más. Glinda, su querida Glinda,  es como  su propia madre.Ella  cuando desapareció la manga de langostas, volvíó a la precaria escuela de barro y paja donde era maestra y les contó a los chicos la maravillosa  historia de la niña que después de un tornado siguió  el  camino de baldosas amarillas que era el color de los girasoles que habían desparecido.