miércoles, 10 de marzo de 2010

A las 3 am

A las 3 am sonó el teléfono. Analía prendió la luz y levantó el tubo. Del otro lado su cuñada Isabel le avisó que la nena estaba en el hospital porque se había caído de la escalera. Analía supo que era otra cosa. Mientras se sacaba el pijama y se ponía como podía un jean y una remera llamó a su hermano Sebastián y lo puso al tanto.También como pudo sacó el auto del garaje y por la avenida que tenía sincronizados los semáforos alcanzó el tren de velocidad e hizo el trayecto en vía verde. Cuando se desvió hacia la izquierda para tomar el acceso al hospital la detuvo el paso del tren .Fueron minutos de tal angustia que tuvo que hacer un esfuerzo para no apretar el acelerador y embestir el tren. Cuando se levantó la barrera aceleró más de lo prudente pero no le importó.Llegó a la playa de estacionamiento y advirtió que estaba el auto de su ex marido al lado del de su cuñada. El desgraciado se trajo a la hermana para justificarse gritó mientras corría hacia la entrada que estaba allí a cincuenta metros,una eternidad delante de ella.Entró en la guardia como cualquier madre en su situación, hecha una furia y deshecha en llanto.La orientaron hacia la sala  donde estaba Micaela.Casi se cae cuando le dijeron que estaba en terapia con traumatismo de cráneo. No esperó el ascensor. Subió por las escaleras tomándose como podía del pasamanos para cobrar impulso y subir de dos en dos los escalones. Arriba mirando por el visor de la puerta de acceso a TI estaba el padre de Micaela. Cuando la vio se retiró a un costado, su hermana lo tomó de un brazo. Analía no gritó.Lo miró y sin decir nada detuvo al médico que en ese momento salía de la sala y se presentó como la madre de Micaela. La dejaron pasar. Cuando vio a su beba entubada y con un brazo vendado tuvo ganas de matar.Literalmente quiso salir a matar a su ex marido. La enfermera que custodiaba a la nena percibió el estado emocional de Analía, rodeó la cama  ,la tomó por los hombros y le aconsejó que no hiciera nada. La guardia ya tenía el testimonio del padre y por el estado de la nena sabían perfectamente que había mentido.No fue una caída, fueron golpes contundentes- le dijo como para que supiera que no iba a estar sola en esta circunstancia. Ellos tenían un deber de denuncia y lo iban a hacer.Fue la noche más cruel  de su vida . No quiso recordar nada, sólo esperar a que el diagnóstico que le dio el médico resultara cierto y que Micaela saliera de ese estado lo más pronto posible. Cuando la hicieron salir de la sala se dejó caer en el piso con la cabeza entre las rodillas en un llanto convulsivo que sólo la presencia de su hermano pudo mitigar algo. Ahora tenía ante sí dos nuevas realidades: acompañar a su hija en su rehabilitación y pelear para que la justicia  se ocupara de la criminalidad de su ex marido.