viernes, 13 de noviembre de 2009

Principio de identidad

Era sábado y la avenida de acceso a la ruta que comunicaba con la vecina provincia comenzó a ponerse más transitada. A raíz de varios accidentes, algunos fatales, los vecinos pidieron frenar con semáforos los impulsos de rally de muchos automovilistas .El trámite fue rápido,para la lenta burocracia municipal ,porque la avenida ya se había cobrado la vida del hijo de un funcionario.A los pocos días, en cada uno de ellos ,se juntaron varios niños con el objetivo de hacerse de un espacio en el mundo limpiando los parabrisas de los autos ,forzados ahora a detenerse.Había dos cruces en los cuales el semáforo tardaba más en el cambio de luces y era el lugar codiciado por todos los chicos.Mientras los conductores maldecían su demora,ellos bendecían su oportunidad y rápidos encaraban, cepillo enjabonado en mano, al primero de la fila.Si tenían suerte,eran aceptados y recibían unas monedas o , muy milagrosamente,algún billete de bajo valor,pero la mayoría de las veces,recibían un No acompañado de diferentes gestualidades. El Sí significaba, para cada chico, un triunfo de la estrategia en ese cuadrilétero simbólico en el cual se había convertido el espacio público. Estar allí significaba al menos una pelea diaria,entre ellos o con los “otros” ,los automovilistas. Alguien comentaba ” mejor que limpien vidrios y no que roben “; no faltaban los que se manejaban con prepotencia y soltaban algún insulto que el chico de turno recibía haciendo un doblete con otro insulto mayor.Generalmente la luz verde ponía fin a esa cadena de corridas,enjabonadas,comentarios ,gritos y una que otra propina.
Ese sábado Luciano se adelantó y fue a apostarse junto al tercer semáforo “largo” calculando que perdía oportunidades pero confiando en que algún auto hubiera quedado más atrás . No estuvo muy errado.Después de varios cambios de luces una 4×4 negra, imponente, se detuvo bien cerca de él.El hombre llevaba el vidrio bajo porque la temperatura todavía no había subido tanto como para encender el aire acondicionado.Lo miró con desdén cuando Luciano levantó el cepillo y sacudió la rejilla de secado solicitando permiso para limpiar los vidrios. El conductor por toda respuesta apretó el acelerador marcando su territorio cuando aún la luz roja estaba encendida. Luciano no se amedrantó.Volvió a acercarse y a esgrimir sus propias armas :cepillo y trapo.El otro repitió el gesto intimidante con el acelerador.Luego vinieron las palabras. Brotaron desde una raíz de soberbia e impunidad que tienen los que no conocen la intemperie y el hambre .Luciano respondió con su escuela de la calle. Fueron segundos pero los insultos no se midieron y hubo un desacierto procaz que Luciano no soportó. La luz verde cortó la violencia pero él tuvo tiempo de gritar:
“Sos un cagón sobre cuatro ruedas maricón!” y ya sabiendo que el otro no podía escucharlo subió a la vereda y agregó, hundiendo el cepillo y su rabia en el balde de plástico ya descolorido “cagón,recontracagón seguro que soy más hombre y más libre que vos.”