sábado, 14 de noviembre de 2009
segunda edición
Cuando Andrés vio lo que había hecho, se espantó.Retrocedió y se acurrucó en el sillón como un niño asustado. Y realmente así estaba. A un metro de él ,inerte en el suelo, estaba Marcia desmayada por el fuerte puñetazo que le dio. No atinó a ayudarla.La dejó ahí tirada despojada de toda conciencia, de toda memoria. Cuando se dio cuenta estaba viéndose él mismo con seis años en una situación idéntica,acurrucado en un sillón viendo el cuerpo de su madre desangrado con las muñecas cortadas después de una fuerte golpiza que le diera su padre.Nunca creyó que él sería capaz de hacer lo mismo,solucionar las diferencias a las trompadas. Marcia no era su madre, era una compañera fiel y laburante con la cual compartía muchas cosas y que le había permitido salir de ese infierno de recuerdos que era su infancia.Ahora ahí con el espectáculo de su propia violencia se dio cuenta que no había olvidado,que las cicatrices de esa familia enferma lo tenían agazapado como una rata en el fondo de su conciencia. Reaccionó. LLamó al 911 y mientras aguardaba la ambulancia se arrodilló al lado de Marcia, sintió su pulso,la besó en la frente y tomándole la mano se prometió hacer terapia porque no quería ser la segunda edición de un relato demasiado cruel.