Matías tiene que viajar a la costa para reunirse con su familia y anda muy atareado terminando los escritos que tiene pendientes. También está preocupado porque hace unos días pensamientos recurrentes se instalan y lo invaden todo.No entiende qué le está pasando y tampoco tiene tiempo de meditar sobre ello. Sólo es consciente de que esos pensamientos lo perturban, casi diría, lo acosan. Debe resolver los casos antes que empiece la feria judicial y está sobre exigido. Sin embargo le pasan cosas extrañas. Cada vez que abre el caso Sebastián Olmos el fenómeno de la imagen que se le aparece , lo paraliza. Está tratando de cumplir con los plazos pero estas interrupciones lo dejan fuera de la realidad por largo rato. Como juega contra reloj abandona el caso y pasa al siguiente. Escribe febrilmente. Cada demanda es un ejercicio intelectual que le gasta muchas energías.Aunque lleva muchos años como abogado siempre ocurre lo mismo. Ante el teclado de la computadora parece un gladiador enfrentando al contrincante virtual que es la justicia misma. Ahora está trabajando en el caso de Juana Azevedo y avanza rápidamente. A las seis de la tarde retoma el caso Olmos ,empieza a escribir y nuevamente se detiene. Mira la hora y entiende que es inútil. Dejará a Sergio, su socio, que haga el escrito. El tiene que volver al departamento para preparar sus cosas y salir para la costa. Tiene que estar en la ruta antes que la caravana de fin de semana se vuelva insoportable. Así lo hace. Apaga las conexiones de sus equipos , cierra la toma central de las oficinas y baja a las cocheras. Busca su auto, guarda en la baulera el maletín ,abre la puerta. y se sienta. Coloca la llave. En ese momento ve al hombre anciano y desprolijo idéntico al que lo sigue en la secuencia de imágenes que lo perturban. Ese paralelismo lo desconcentra.No recuerda de dónde lo reconoce. No atina a poner en marcha el vehículo. El viejo se le acerca. El lo ve venir y no teme un robo, no ,es otra cosa, se dice. El viejo planta su rostro en el vidrio y lo mira sin hacer ningún gesto. Matías duda de las facultades mentales del hombre.Lo mira pero no baja la ventanilla , por otro lado se pregunta de qué forma el viejo burló la seguridad de las cocheras. El viejo le golpea el vidrio con los nudillos, insistente. EL lo mira. Una fugaz imagen de un rostro como ése pero más joven, se le presenta, No tiene un rasgo que lo identifique más. Matías no responde. Enciende el motor .El viejo intenta interponerse . Matías pone la marcha atrás y el viejo corre y se pone detrás del auto.Matías se siente acorralado. Mira por el espejo retrovisor .Vuelve a mirar, apretando el acelerador para intimidarlo. El viejo no se mueve. Matías ahora lo mira más atentamente. Alcanza a ver bien su rostro y parte de sus hombros cubierto por una sucia camisa a cuadros .En ese momento comprende quién es el hombre.Ese viejo que está acorralándolo en la parte trasera de su auto es la sombra contemporánea del mismo hombre que años atrás lo acosó en el hospital. Era enfermero y estaba a su custodia de noche ,cuando lo operaron el riñón. Sí, ya no le caben dudas. Es el mismo con una cantidad indescifrable de años encima. Recuerda como en una película aquella noche previa a su alta y el hombre entrando en su cuarto con la confianza del trato de los días de internación , actúa de modo que él no puede imaginar qué venía a hacer. Ahora recuerda el único detalle que lo delató en aquel momento: las botas con cordones que reemplazaban el calzado blanco reglamentario. Fue lo primero y lo último que vio y recordó con claridad Matías después que todo hubo sucedido.Matías nunca habló. Calló su secreto. Sabe sin dudas que el hombre que lo acorrala es el mismo hombre. Transpira y le tiemblan las manos.Pone en primera y sale por el espacio vacío que tiene delante. El viejo corre. Matías maniobra en el laberinto de la cochera de tres niveles con la habilidad de quien conoce el lugar y sus posibilidades. Cuando toma la curva de descenso para la salida ,el viejo ha quedado atrás.Llega a la guardia y se detiene. Informa que llamen a la policía que ha entrado un viejo sospechoso que está en el segundo nivel. Luego acelera y se pierde haciendo un recorrido distinto al de costumbre. Horas más tarde , postergado su viaje por el día de hoy y tras hacer la denuncia policial se queda en su departamento esperando el amanecer para partir. Está en el living caminando como un animal perseguido preguntándose una y otra vez cómo el hombre reapareció en su vida. Se sienta en el sofá con la cabeza entre las manos. En ese instante recuerda. El enfermero Olmos! exclama dando un salto y poníéndose de pie. Si , repite, se llamaba Olmos ! El nombre había quedado muy lejos de la conciencia pero allí estaba, por eso el rechazo cada vez que abría el expediente de Sebastián Olmos. No había conexidades entre los dos hombres, al menos que él supiera , sólo la coincidencia del apellido. Matías se hace mil preguntas y al fin agotado se recuesta en el sofá. En la mesa de café ve los retratos de su familia, su esposa y sus dos hijos. Mira el rostro de Nahuel. Tiene quince años , la misma edad que tenía él cuando le sacaron el riñón. En la soledad de su casa Matías llora hoy lo que no lloró en los últimos treinta años de su vida..