martes, 16 de marzo de 2010

Soles rojos, silencios negros

Isabel María está sola. El pueblo se le presenta como una estampa de un tiempo que ya fue. No encuentra el  sosiego que  acompañó los años de su inocencia . Aire, árboles, atardeceres con  soles rojos sobre el río que ella con su amiga Lujan, iban a ver religiosamente todos los días y se quedaban sentadas en la arena hasta que desaparecía en el horizonre.Lujan pintaba muy bien y tenía una hermosa serie de soles que ya había expuesto en la Casa de la Cultura. Viejos, jóvenes , padres, tíos,  abuelos , eran en ese entonces una gran familia porque  todos tenían algún  lazo con la historia del país porque son descendientes de los pioneros que quedaron allí después de pasadas las guerras. Isabel María tiene dieciséis años y una familia ,como la del único  médico y la del único abogado, que supo no hacer diferencias.Sus padres son profesores en la escuela. En el pueblo  no había estridencias y sí una sosegada  abundancia de naturaleza .No necesitaban nada más.Eso hasta que llegó la televisión por cable .Un  pequeño alboroto dividió las aguas porque no todos podían pagarla.Sin embargo  al   poco tiempo todos ya tenían sus cables intalados y nuevamente el pueblo se uniformó.Ahora ya no podían vivir sin ella y los continuos cortes de luz en el verano ponían en el aire los más gruesos improperios contra las autoridades de la empresa y de los políticos que, claro está, tenían conexiones con ellos. Con todo seguían algunas costumbres  ahora abiertos al resto del mundo . La novedad tardó pocos meses en instalarse. Un alarmante consumo de cerveza alentado por las propagandas de la tele hizo que las borracheras, sobre todo entre los jóvenes, fueran un espectáculo cotidiano que terminaba a los puños en cualquier esquina . Desde la escuela se empezó una feroz campaña contra este flagelo pero no dio resultado como reconoció su propio padre no sé cómo vamos a sanar esto si las empresas no ayudan decía , pero no abandonaba la batalla. Esa fue la primera y real turbulencia. La novedad duró poco porque de repente ,como una invasión  de langostas, llegaron los teléfonos móviles, que al principio también , sólo unos pocos podían comprar y que después todos conseguían por poca plata en los puestos de la terminal de ómnibus de la capital cuya mercadería,se sabía, no era de fiar. Con los celulares las cabezas cambiaron y la fisonomía humana del pueblo también .Llegaron antes que las computadoras con el servicio de Internet. Cuando las antenas empezaron a poblar algunos techos, incluído el de su propia casa, en la escuela, los profesores  no dejaban de dar clases y armar ellos mismos hojas de divulgación porque sabían qué  riesgos habían ingresado en el pueblo con la conexión de Internet. Isabel María  como joven que es, entiende  el tema de la fijación con las compu porque hay pocas y se usan las del colegio bajo la estricta mirada del único profesor  varón ,su padre.Pero no entiende la adicción a los celulares porque desaparecieron hábitos  ancestrales como eso de  asomarse por el muro para charlar con la vecina o pasarse un revista o un plato con tortas fritas.Todo ahora es vía celular y qué decir de la locura de andar con el móvil en la mano todo el día incluso dentro de las casas, en la sala de espera del consultorio del dentista, en cualquier lado.Por ahora sólo se salva la iglesia. Isabel María se dice que es una locura y que va a terminar mal porque las tarjetas no son baratas y las llamadas son excesivas. No erró en su diagnóstico. A los pocos meses un nuevo fenómeno apareció: el mini robo de objetos domésticos  para venderlos y seguir comprando tarjetas para los celulares. La policía no se ocupaba mucho porque decía que era cosa de muchachos y cuando los sorprendía o alguno era realmente pescado in fraganti por el dueño, el acusado después de hacer su descargo salía libre y se reunía en la plaza con su barra de amigos para contar la experiencia a la vista de todos que, por supuesto , lo conocian por nombre, apellido ,edad y cronología familiar. A los celulares y el robo le siguió algo funesto: la droga. Ahora sí el pueblo tembló .Pensaban que  sería lo último que podía ocurrirles y les ocurrió. Pronto se vieron los efectos y se instaló una desconfianza que modificó los hábitos de todos. Por empezar Luisa María y Lujan no pudieron ir más solas hasta el río a ver los soles rojos. Ya la costa era el refugio de los chicos drogados que terminaban allí tirados y dormidos en la arena. En el pueblo las riñas eran en plena calle y también , se sabía, había violencia dentro de las casas.Todo se hizo imparable La droga ganó en el pueblo y hubo miedo aunque su padre con otros padres enfrentaron el problema con todas sus fuerzas y siguen haciéndolo. Van y vienen trayendo expertos de la capital   para que les hablen a los chicos y a la comunidad pero la droga no para. Se empezaron a cerrar las puertas de las casas,se trajeron o recogieron perros que en escala de dos o más las custodiaban  cambiando también la fisonomía de los jardines y de las huertas. Las abuelas ya no querían hacer nada porque los perros deshacían lo que sus cansadas manos hacían para mantener los cultivos  y ahora pasaban las horas muertas sentadas en las reposeras sin ánimos siquiera para ahuyentar a los animales que defecaban por cualquier lugar. Ni  Isabel María podía con tanto descalabro, especialmente ella que había sido promotora de las huertas familiares..En este desarticulado  de piezas ella  también  perdió a sus amigas que adherían a los nuevos códigos sin pensarlo mucho y Luján ya no pintaba soles sino naturalezas muertas que armaba sobre la mesa del comedor con mangos, naranjas,berenjenas y alguna otra fruta que le diera color a sus cuadros.Casi siempre eran manzanas. A Isabel María le encantaban esas pinturas pero se lamentaba no tener ya más esos diálogos en los atardeceres junto al río. Cuando se abrió el primer boliche bailable ,quedó sola  con sus libros, No sabía que faltaba aún un capítulo en esta historia. A Isabel María la violó un alumno  denunciado por su padre por tenencia de droga en la escuela . Fue a la salida del rosario del viernes.Ella no esperó el ataque porque conocía y mucho a Santiago, pero se produjo en medio de un forcejeo violento con inequívocas señales . Ocurrió tres meses atrás. Ahora  está parada en la puerta del templo y mira el largo pasillo central que lleva al altar frente al cual fue bautizada, tomó la primera comunión y soñó se casaría algún día vestida de blanco. Isabel María ha decidido irse del pueblo.Sus padres han aceptado su decisión pero ellos se quedarán para hacer justicia, no nos vamos a ir  porque el pueblo también es nuestro y de nuestros antepasados - dijo. y por primera vez Isabel María  lo vio llorar. Parada en la nave central mira la cúpula atravesada de luz.  Está allí para gritarle en silencio a su Dios y a todos sus santos que ninguno la protegió y que  por eso se va porque también sabe que el pueblo  seguirá aceptando lo inaceptable escudado en su propio silencio. Santiago,  el mismo que la violó y que fue monaguillo en ese mismo altar , nunca será juzgado. Isabel María abandona la iglesia. Mañana es el día. Irá  a la capital y en realidad poco le importa a dónde va . Sí sabe  dónde no quiere quedarse más.