jueves, 4 de febrero de 2010

Desaparecidas



  
 Manuela preparó el mate para su marido que todavía no había salido del baño.Como cada día, le cebaba algunos antes de que se fuera para la terminal de colectivos donde trabajaba.El día estaba muy caluroso y un fuerte viento norte azotaba la región volviendo el tiempo a  los tiempos de los inmigrantes como lo había sido su abuelo. El Chaco era una de las zonas elegidas por el gobierno a principios del siglo XX para esos europeos que escapaban de la pobreza de las guerras. Ese mismo viento que escuchó relatar infinitas veces como aventura de supervivencia en un clima extremo,soplaba hoy, "en pleno siglo XXI" pensó mirando la pantalla del televisor que pronosticaba también fuertes lluvias pero no precisamente para el nordeste. Cuando Juan salió lo despidió en la puerta con un abrazo y empezó a hacer la limpieza de la casa. A la noche habían tenido parientes a comer y ella por primera vez no tuvo ganas de limpiar los platos y se fue a la cama exhausta.Este calor no es bueno para las menospáusicas como yo- se dijo -pasándose un arrugado pañuelo por la frente, con pocas fuerzas porque era de tener presión baja.Fue hasta el lavadero y puso en marcha el lavarropas.Regresó a la cocina.Se dio permiso para sentarse a tomar unos mates más antes de lidiar con las cacerolas que todavía despedían el aroma de la salsa criolla que había preparado para la cena. Miró distraídamente el televisor.Pasaban las noticias que ya había visto porque eran una repetición sin muchas variantes de las ya emitidas por todos los noticieros desde la tarde anterior. Uno o dos accidentes con varios muertos,una repetida pugna entre el gobierno y los opositores,algún chisme de actores de segunda y sansacabó. Una será todo lo ignorante que quieran dijo en voz alta- pero éstos de allá se creen que el mundo termina en la capital.Se enojó porque siempre la enojaba mucho este olvido de las provincias como si no existieran.En la escuela había aprendido a rebelarse contra el abandono gracias a la señorita Juana, su maestra de sexto grado a quien tenía en el centro de su corazón porque les había abierto los ojos enseñando como enseñaba. Se levantó y empezó a fregar los platos. De repente escuchó una pregunta que la sobresaltó. Se dio vuelta y miró la tele.Estaban reportando la marcha ,dijeron, del día 3 por las desaparecidas  en democracia. Cerró la canilla y se sentó otra vez atenta a lo que se decía. Tuvo un repentino dolor en el estómago pero no salió en busca del frasco de alcohol para frotarse la panza como hacía cada vez que las emociones la traicionaban y le hablaban desde el cuerpo. La trata de blancas como en una pesadilla estaba en el centro de la escena.Pancartas con fotos de niñas y mujeres ,nombres y fechas estaban allí  reclamando por las que estaban contra su voluntad atrapadas en la red de protitución  que funcionaba impunemente en el país.Una mujer joven ,explicaba a la periodista  la lucha que tenían por demandar justicia por sus hijas o hermanas perdidas en un país que ya tenía de sobra desaparecidos. Manuela cerró los ojos y se echó para atrás recostando la cabeza en el respaldo del sillón de algarrobo que estaba junto a la mesa. Así estuvo escuchando el reportaje , con los ojos cerrados.Sintió que el pasado venía a galope, a través de ese viento norte, para desnortearle el día .Pensó en Juan, en la suerte que había tenido al conocerlo y casarse con él, en la vida tranquila que llevaba en su hogar sin necesidad de salir a trabajar porque Juan no quería y el sueldo alcanzaba para los dos .No habían tenido hijos y ellos dos se bastaban para formar un hogar le había dicho él para consolarla después de que definitivamente el sueño del hijo propio se esfumó.  Amaba a ese hombre de verdad .Comenzó a emocionarse recordando de qué manera la había rescatado del infierno de la Casita,donde estuvo cautiva por más de siete años.En ese entonces,cuando él la sacó de allí tenía apenas veinte años. Ya no pudo ver a su madre viva porque de la tristeza había muerto a los dos años de su desaparición, cuando dos hombres la subieron a un auto  a la fuerza cuando volvía del colegio. Nadie supo nada de ella hasta que Juan entró en su vida como un cliente más y se enamoró perdidamente de sus ojos verdes heredados de su abuelo ucraniano.Fueron largos los días de la espera para la huida pero Juan supo cómo hacer las cosas.Yo me salvé pero jamás olvido  esa pesadilla que me volvió estéril, dijo en voz alta como hablándole a la mujer dolida que aparecía en la pantalla y respondía con fortaleza las preguntas que le hacían.Otras mujeres sufrientes asentían revelando también un dolor demoledor.Sintió rabia, una rabia profunda que brotaba desde el fondo de su alma dañada. La puta !-gritó-desaparecidas por tener vagina ! Se  levantó del sillón.Volvió a la pileta. Fregó los platos con la fuerza de esa rabia que la ganaba segundo a segundo. Sí, carajo- volvió a gritar-desaparecidas por tener vagina, esa es la pura verdad ! Hundió sus manos en el agua con detergente como queriendo limpiar ese pasado que sabía, nunca iba a llegar a ser sòlo pasado.

 ¿ DÓNDE ESTÁN LAS OTRAS?