domingo, 24 de enero de 2010

La espera


Sábado de verano. El clima ha estado azotando la región con interminables lluvias y calores sofocantes. El sistema eléctrico no soporta la demanda y el río no es ya alivio porque la creciente lo hace prácticamente inaccesible. Frente a ese río que se desliza indiferente a toda angustia humana,está sentada Isabel. Hoy cumple 39 años y está allí sola, con una soledad inmensa que la abarca toda.Piensa en su días y sus noches de cuidadora profesional, atendiendo enfermos, inyectando medicinas, abriendo bocas de niños y ancianos para suministrar el medicamento que alivie el dolor.Ella sí  puede decir que sabe de qué se trata eso del sufrimiento humano.Durante los últimos veinte años ha cumplido esa misión de asistente de enfermos terminales.Nadie la obligó.Fue una elección profesional. Hoy allí frente al río entiende que ha sido más que eso ,ha sido una elección de vida. Isabel ve pasar como por una pantalla esos rostros y esos cuerpos que ha limpiado,cuidado,masajeado y acariciado hasta el instante en que la vida se esfuma.Borra por un instante esos recuerdos y mira otra vez el río que se desliza amenazante.Durante la noche ha crecido más de lo previsto. Mira otra vez el agua transparente que pasa entre sus dedos y se va corriente abajo. Mira la costa de enfrente.Allí hay otro país que supo tener su gloria y hoy también está confuso como tantos, incluso como el suyo.En esta hora la soledad no le pesa, le duele como le duele entender qué pasa por la mente de un hombre cuando viola a una niña. Anoche llegó a su guardia Rocío, con sus cuatro años mutilados para siempre. Rocío es la hija  del médico jefe del hospital quien anda , sin entender razones ,buscando hacer justicia por mano propia. Isabel no pudo hacer nada esa noche,sólo llegar hasta el río para sentarse allí con los pies en el agua esperando que los hechos sucedan. El río no sabe de cambios climáticos, sólo se desliza. El padre sí sabe de leyes pero hoy es un río desbordado  y tampoco se detiene.