viernes, 19 de marzo de 2010

La enfermera Eve

La sala de guardia del Hospital de Niños es el primer espacio donde  la angustia presenta sus mil rostros todos los días, todas las noches, a cualquier hora. Eve está allí hace quince años.Es enfermera pediátrica y la especialidad ha modelado su vida de tal manera que  el dolor es parte de sí misma pero hoy siente que ya no le quedan fuerzas. La  movilidad propia del hospital hace que cada agente del servicio cumpla diferentes funciones en las distintas áreas y  Eve como los demás, se multiplica para solucionar problemas,aliviar dolores y acompañar soledades. En el turno de esta noche  tuvo que recibir a la pequeña que ahora está en una operación que ya lleva  dos horas. Eve cumple con sus tareas pero no puede sacársela de la cabeza. Ha visto todo lo que se puede ver en un hospital de  niños pero la imagen de esa nena está minando su entrenada fortaleza. En su trajinar de una sala a otra  pasa rápido delante del banco donde los padres aguardan novedades. Sabe que se llama  Caty y que sólo tiene cuatro años.La madre llora convulsivamente y a ratos se levanta y grita. El padre la toma por los hombros, le acaricia el pelo y la ayuda a volverse a sentar. Se apoyan mutuamente. El hombre también tiene los ojos irritados y baja la cabeza .Pasan lentamente las horas. A las seis de la mañana empezó el movimiento frenético con las consultas no  programadas y la sala de guardia  alcanza ese ritmo sísmico de alteración, calma, nueva alteración, según van llegando los pacientes. Eve  puede ya dejar su puesto pero no lo hace. Algo la retiene allí y sigue sin pensar en retirarse aunque ya llegó el personal de turno. Está en otra órbita porque su mente se ha detenido en el instante cuando tomó en sus brazos a la pequeña Caty para colocarla en la camilla. No preguntó nada porque ya sabía de qué se trataba. Ella ya ha vivido en carne propia esa historia muchas veces porque es parte de su oficio pero con Caty el tema se proyectó con más intensidad.Cuando la recogió suavemente de los brazos del padre vio su carita y los rebeldes rulos color miel. Le pareció tener otra vez a su hija Victoria entre sus brazos.No tuvo tiempo para pensar nada más porque la urgencia era llegar a la sala de cirugía. Ahora Eve sí puede volver a pensar y piensa en su hija ,esa criatura que nació contra la voluntad de un marido  que  no quería hijos y que una  noche llegó al hospital a pelearle a la vida como  está peleando Caty. Eve revive cada momento, esas horas interminables de desconsuelo y soledad  acompañada por su amiga Martina quien le hizo de muro de contención en los largos días de internación de Victoria.  Eve mira esos padres que todavía no saben bien cómo ocurrió lo que le ocurrió  a su hija .Siente una profunda tristeza pero la reconforta verlos tan juntos. En este momento tienen las manos entrelazadas y se las acarician uno al otro. Eve en igual situación , no tuvo al padre de su hija a su lado porque quedó detenido tras su denuncia. Eve sabe que Caty va a salir del Hospital en dos o tres días y  ya se lo ha dicho a los padres saltándose el protocolo hospitalario. Lo hizo porque tenía la información escuchada  en la sala de cirugía. Ella quebró un código profesional pero necesitó apaciguar la  ansiedad de ese hombre y de esa mujer desesperados que eran la réplica de los muchos que , en pareja o no,  pasaban por el Hospital con sus hijos ultrajados. Nunca les dijo a ninguno de ellos la extenuante tarea que van a tener el resto de sus vidas para sanar el alma de sus chicos y las propias. A ella le quedó sólo  su batalla. Perdió a Victoria por un paro cardiorespiratorio.No se dio permiso para paralizarse.Nunca abandonó su puesto y siguió suturando sus heridas con los largos silencios e interminables llantos que derramaba en su soledad. Ahora es otra noche. Eve está en su departamento, escucha su cuerpo que le dice que tocó fondo . Mira a su alrededor ,está desorientada y piensa una y otra vez en Victoria que se fue y en Caty que va a vivir. Otra vez el llanto desdoblado por la hija perdida y por la paciente recuperada . Siempre esa dualidad del por qué la mía no y la reparación inmediata ante tan atroz pregunta. Agradece al cielo cada niño que se salva y más si le toca a ella ser parte del proceso de curación. Eve sabe que esto que se dice  a sí misma es verdadero , que no hace trampas pero también sabe que es verdad que ha tocado fondo.Llegó el momento- piensa - de pedir el traslado al Hospital Central . La muerte de Victoria ya no puede ser una excusa para flagelarse quedándose  en el servicio pediátrico. A sus cuarenta y seis años  asume su límite y decide dar  otros contornos a su fortaleza para seguir enfrentando el dolor y  la muerte de otros seres que la van a necesitar pero que ya no serán niños.Los cabellos enrulados color miel de Caty fueron el definitivo mensaje que le indicaban que ,como ella, tenía que  empezar de nuevo.