Escribir estas dificiles historias no tiene sentido si no pensamos que al hacerlo reflejamos una realidad que nos cerca a todos. Cada historia encarna en su núcleo, un hecho real cuyo costo es el debilitamiento de la identidad de quien ha sido sometido. No importa el tiempo transcurrido, las huellas, está comprobado, quedan siempre. Sólo una Justicia digna , en la cual se pueda creer, dará esperanza a las víctimas . Mientras eso no ocurra ellos , niños y niñas, deben tener la certeza de que siempre hay un adulto que los escuchará.