El alboroto en el colegio San Esteban es mayúsculo. La tradicional institución se vio sacudida por la noticia que se hizo pública gracias a la fortaleza de Andrea De Simoni quien no dudó un instante. Eficiente como pocas informó lo ocurrido a los otros padres reunidos en su casa y con sus habilidades de psicóloga les planteó el tema sin eufemismos. Hubo llantos, gritos de las madres y algunos silencios quebrados ,sobre todo de los hombres. Fueron sin embargo y a pesar de todo el dolor,taxativos. No serían cómplices de ninguna manera y enfrentarían a las autoridades del colegio y a la prensa que sabían ya estaba al tanto por la presencia de Sebastíán Arguelles que sigue los casos de abusos con estrategias de sabueso . En el informativo central de la noche dio la noticia sin amarillismo guardando la cautela que lo caracteriza.
En la casa de Mauro, se ha apagado el televisor y con una sobrehumana forma de encarar la situación Paula y Rodrigo mantienen a los chicos ocupados sin demostrar la angustia que los invade para tranquilizar a los hermanos más pequeños de Mauro que se asustaron mucho cuando el padre dio un fuerte puñetazo en la pared y abrazó fuertemente a su hijo. Por la noche el matrimonio , en un nudo de dolor, espera en vela, ese amanecer que saben los llevará por los larguísimos laberintos de esa justicia que nunca tiene el tiempo que su angustia de padres pide a gritos en el abismo de su insomnio.