viernes, 18 de diciembre de 2009

Derecho a réplica

Cuando a Tomás lo obligaron a sentarse en el último banco por haber contestado de mal modo a Gastón, tomó su mochila y refunfuñando se dirigió al lugar que le indicaron. Se sentó y se quedó callado el resto del día. Hizo las tareas cuidando de no equivocarse para no tener que  pedir que le aclararan nada. Pasó la hora de matémáticas, la de lengua, pasaron los recreos que él no compartió con sus compañeros, escuchó los gritos y las peleas en el patio y no dijo nada. Vio que la maestra  conversaba con otras maestras, que el portero Juan con el barredor en la mano retaba a los que tiraban papeles en el suelo y cuando tocó el timbre del último recreo entró en el aula y se sentó sin decir palabra. Abrió su cuaderno de Ciencias Sociales. Miró la fotocopia que tenía pegada en la primera hoja.Recordó de qué se trataba, luego cerró el cuaderno y esperó a que todo se ordenara y comenzara la clase. Cuando la maestra indicó que iban a trabajar sobre los Derechos del Niño,  levantó la mano. Teresa le dijo que se pusiera de pie y le preguntó qué quería.Tomás dijo:
-No entiendo para qué nos quiere enseñar esto si a mi no me sirve para nada.
La maestra lo miró con el entrecejo fruncido y le preguntó:
-¿Cómo que no te sirve?
 Tomás sin titubear respondió:
-Sí, no me sirve para nada porque usted me cambió de banco como castigo y no me preguntó qué había pasado y por qué yo hablé así.
La maestra lo volvió a mirar y consciente de que había cometido un error le preguntó:
-Bien, ¿  por qué le contestaste así?
Tomás muy seguro contestó:
-Pregúntele a Gastón señorita. Sé que no tengo culpa para ser castigado y éste sí es un Derecho del Niño.- concluyó y se volvió a sentar.
Teresa ese día aprendió un poco más a ser docente.