martes, 22 de diciembre de 2009
Cegueras
Darío apenas tiene unos meses .Tuvo la fortuna de haber nacido en una familia sin apremios económicos, con padres que lo esperaron con mucha ilusión y que lo cuidan con amor . Han preparado con alegría su cuarto , han gastado mucho dinero en ponerlo de acuerdo con sus propios sueños y allí crece Darío ignorándolo todo excepto el calor de los brazos de sus padres y la teta de mamá. En la fábrica que posee el padre hay muchas mujeres que también son madres. Mariela es una de ellas. Es muy joven, madre soltera y debe trabajar para mantener sola a su hijo. El padre no se hizo cargo y sus propios padres no la acompañan porque le dicen "que se las buscó". Ella ya soportó todo, gritó todo y lloró todo. Eso creía hasta hoy cuando entró en su turno y se puso delante de la máquina de coser para continuar su trabajo. Pero no, no había llorado todo . Hoy el padre amoroso del afortunado Darío le ha comunicado que la tiene sólo hasta fin de mes porque debe aumentar la producción y necesita manos más expertas que las de ella. Mariela, rota una vez más, está tratando de mantener la tela tensa para que la costura salga bien y siente que es en ella y no en la tela donde se clava puntualmente la aguja de la máquina de coser.