martes, 24 de noviembre de 2009
Reacciones
Mecha estaba en el taller que compartía con su amiga Rossana , mirando atentamente el último catálogo de arte que habían recibido y ambas estaban concentradas en la reproducción de la escultura de Damien Hirst, Anatomía de un ángel. A Rossana la obra le producía un cierto escozor por eso de mostrar el lado humano del ángel con las vísceras al aire,un pecho también abierto y el rostro-calavera que sí era cierto , no lo podía negar,lo humanizaban en una cruda metáfora y síntesis de la vida y la muerte.Mecha estaba fascinada y argumentaba que esa dualidad de los simbólico era maravillosa.Rossana reconocía que su amiga tenía más capacidades que ella pero nunca se censuró y siempre dio su opinión clara y precisa. Los hijos de ambas estaban en el fondo del salón jugando con pinturas y pinceles sobre papeles porque ese día no tenían clase y no tenían otra actividad a esa hora. Los chicos hacían la suya y se divertían sabiendo que el sector que les era permitido usar era ése que les habían señalado el primer día que los llevaron allí. No podían corretear por el taller para no interrumpir el trabajo de sus madres y no tocar las telas y los dibujos,la advertencia era sobre todo para Javier, el hijo de ocho años de Mecha que era físicamente muy robusto y a veces tenía movimientos torpes como la vez que sin querer derrumbó uno de los caballetes y fue duramente recriminado por su madre.Desde entonces se cuidaba mucho cuando estaba en el taller.
Mientras tanto el diálogo entre las amigas seguía los vericuetos de sus propias interpretaciones sobre el Angel de Hirst y ponían en ello tanto empeño que no prestaron atención a los chicos en ningún momento. Es violento- repetía Rossana, aunque te reconozco que es hermoso. Mecha largó una carcajada, se echó para atrás dejando bailar su cobriza melena de loba y respondió , sin sacar la vista de la figura, “Violento sí ,puede ser, pero de una sensualidad atrapante ” . Luego recorrió con sus dedos la silueta plana que le ofrecía la lámina del catálogo imaginando la textura de la obra real ,mientras repetía “hermoso ! sublime! “. De repente se oyó un estrépito en el fondo. Uno de los caballetes de Mecha había caído sobre el piso y al caer había arrastrado también potes de pintura acrílica . Un grito aterrador salió de su garganta.Rápida como una saeta se levantó y sin mediar explicaciones le dio una fuerte bofetada a su hijo mientras le gritaba que era un bruto y que jamás volvería a traerlo al taller. Cuando se calló, se oyó una firme voz que decía, “Mecha no fue él, fui yo,perdoname”.
Rossana miró a su hijo, le hizo un gesto tranquilizador y no intervino hasta que su amiga se calmó.