martes, 3 de noviembre de 2009

la piel en el abrazo ausente




Me corrió varios metros,gritó mi nombre y me alcanzö.Se puso frente de mi impidiéndome avanzar.La miré. Esa mirada tenía detrás de sí historias secretas pero que afloraban por cada poro de su piel.Confesé haberme sorprendido.La miré con afecto. No parecía que habían pasado tantos años desde la última vez que la viera.Estaba agitada por la corrida y hacía mucho calor ese mes de noviembre. La invité a tomar algo fresco en una confitería cercana. El lugar era de los pocos que había en la ciudad de carácter familiar. Pidió una gaseosa, yo la acompañé con un café. Me contó el largo derrotero que había hecho. Radicada en Brasil se dedicaba a estudiar lingüística y las religiones afrobrasileñas que según decía, le habían traído algunas respuestas que aquí no encontró.Mientras hablaba miraba su rostro y recordaba aquel otro,el de la niña dulce de rasgos firmes que compartía horas de estudio con mi hija.Volví a mirarla.Su vestimenta era clásica ,nada exótica. Aquí uso lo que debo, me comentó.Allá soy libre. El mozo se acercó y ella calló.Bebió con delicadeza, sus manos tenían algo de la finura de una arpista pero no lo era o quizás sí pensé, ella era el arpa. Me contó con detalles su experiencia en otra cultura que no la censuraba, luego,lentamente se fue deslizando hacia intimidades que sabía necesitaba confiarme y que la habían llevado a correr para alcanzarme.La escuché y aunque yo por mi profesión era experta en el tema,la forma en que se expresó acerca de su madre ,me confundió. Con una mezcla de rencor y amor profundo me volvió a relatar, como años atrás, lo difícil que le resultó vivir en ese hogar, donde nada le faltaba y le faltaba todo porque a nadie le interesaba saber por qué sufría tanto y nadie la escuchaba.Nunca la escucharon ni de niña, ni de adolescente ni de joven. No es una elección -me dijo- o sí, no sé, pero es mi vida y no puedo vivirla de otra manera. Esta soy yo y aunque tenga que disimular aquí,allá soy como soy ytengo brazos que me rodean. No fue necesario decir mucho ,ella sabía que la comprendía. Me sonrió y agregó: Querés conocerla ? puedo llamarla por el celular, está aquí cerca porque paramos en la casa de un amigo de la secundaria con quien nos iremos mañana a Chile me dijo de un tirón como para que yo no tuviera tiempo de nada. Asentí. A los pocos minutos apareció una mujer unos años mayor que ella que me presentó como su pareja. La presencia de su compañera le iluminó el rostro.Se sentía protegida. La invité a compartir la mesa. Tomadas de la mano se olvidaron del mundo que las rodeaba y reían plenas de vida contando sus experiencias detrás de la frontera de los prejuicios.Cuando nos despedimos me dio un fuerte abrazo , me sussurró algo en portugués y me dejó una pequeña foto que sacó de su mochila.Sos la única que puede guardarla,me dijo.
Se fueron. Miré la fotografía.Allí estaba ella,ya adolescente, abrazada a su muñeca de la infancia gastada de abrazos silenciosos que otros no supieron ofrecerle.