lunes, 2 de noviembre de 2009
el mantel de hule
La mañana se presentó cargada de incertidumbres para Rosario. Una mala noche la había puesto de pie agotada. Entró en el cuarto de baño sin saber que la verdadera pesadilla comenzaría allí. Arrinconado contra el inodoro vio a Marcos en posición fetal,totalmente alcoholizado. Ni siquiera intentó ayudarlo a levantarse.Eran muchas las noches de su vida que había hecho vigilia esperando que regresara a la casa sin el angustiante olor que despedía todo su cuerpo. Salió sin orinar ,fue directo a despertar a Joaquín,luego entró en la cocina. Preparó el mate cocido y untó con miel de caña unas rodajas de pan . Pasó un trapo rejilla sobre el mantel de hule que,pensó, debía cambiar porque ya tenía demasiados tajos para contarlos. Marcos los había hecho clavando su cuchillo con furia en cada discusión que tenían cuando se hablaba del tema del vino y cada uno de esos tajos ponían en presencia viva esos momentos en los cuales lo único que valía era la furia de su marido. Sintió que algo más se clavaba en su interior.Apoyada contra la mesada abrió la canilla y dejó correr el agua para ahuyentar sus ganas de llorar. Joaquín con el guardapolvo ya puesto entró , se sentó a la mesa y comenzó a morder como por obligación el pan con miel.No habló. Rosario tampoco. Madre e hijo metían en la urna de sus huesos sus propios dolores. Cuando Joaquín levantó su mochila escolar Rosario vio lo que vio: la mano izquierda del niño vendada con un pañuelo toscamente sujetado.Rosario supo que otra vez había ocurrido, pero ahora con el niño.Tuvo ganas de gritar pero no lo hizo. Abrazó a Joaquín le sacó el pañuelo,pasó alcohol por la herida cortante y se la volvió a envolver con cuidado . Se sacó las chinelas,descalza fue hasta el cuarto ,se puso los únicos zapatos que tenía y que usaba sólo para salir de la casa y tomando la mano no herida de su hijo salió.El largo pasillo que la separaba de la calle le pareció una autopista interminable,pero no se volvió. Pensó en que Joaquín perderia el día de clase pero no tuvo miedo para excusarse en ese pensamiento. Cuando entró en la comisaría ya tenía claro que su exposición sería tan prolija como cada uno de los puntos que su madre le enseñó a tejer cuando le avisó que esperaba un hijo.