lunes, 2 de noviembre de 2009

cuadro en sepia



Apenas Añá despertó se dio cuenta de que esa mañana hacía más calor.Dormía en una hamaca colgada en los postes de la galería del rancho y no adentro ,como lo hacía cuando su mamá estaba con ella. Miró a su alrededor.Todo seguía igual,todo era marrón y no había una sola nubecita en el cielo . La seca se había comido todo .Un poco más allá Añá veía cómo los esqueletos de las cabras iban quedando cada día más blancos y los huesos de las dos vacas también. El Chaco profundo es eso, ese cuadro en sepia derramado en las sombras de un país que no lo ve. Añá tiene cinco años y sus grandes ojos oscuros están acostumbrados a ese paisaje de polvo donde ve moverse con familiar lentitud a la baba Leka .Hace poco apareció un hombre joven que vino a vivir con ellas . Añá no preguntó quién era porque antes de que pudiera hacerlo la baba le prohibió hablar con él. Ya han pasado muchos días y todo sigue igual. Viento,tierra y ….la seca! Añá piensa en su mamá que se fue a trabajar lejos y que todavía no vino a buscarla como le prometió cuando la dejó sola con la baba y también piensa mucho en las palabras feas que la baba le gritó a su madre mientras se alejaba por la picada que todos los días las dos recorrían para ir a buscar agua al pozo. Ahora Añá está más triste y más cansada porque es ella sola la que tiene que ir por el agua .El hombre que vino a la casa no quiere ayudar en nada y ella apenas puede arrastrar el tacho con lo poco que puede cargar porque el pozo ya está casi seco .Tampoco se atreve Añá a contarle esto a la baba porque tiene mucho miedo de que le grite fuerte y la mande a buscar agua al otro pozo ,ahora también abandonado , que está mucho más lejos ,allá en el monte seco.