lunes, 2 de noviembre de 2009

con todas las letras



Candelaria no sabía qué le había pasado y retorciendo su pequeño cuerpo para que no la tocara, retrocedió cuando su tía Teresa le preguntó dónde había sido. Candelaria señaló el fondo del patio,el lavadero. Aterrada Teresa llamó a su hermana,la madre de Candelaria. El grito le hizo sentir a Laura que lo peor había pasado. Salió corriendo del cuarto donde corregía las tareas de sus alumnos y se encontró con el espanto. Tomó a la niña en sus brazos y seguida por Teresa no paró hasta alcanzar el primer auto que pasaba por la calle. La sala de Emergencias del Hospital Regional fue su Via Crucis .Una enfermera veterana se acercó pero no dijo nada. Sabía que en estos casos ninguna palabra, ningún gesto tenía sentido.Volvió a palpar la impotencia que la sacudía cuando se trataba de ese tema que la sociedad no terminaba de asumir:la violación. Se quedó junto a las dos mujeres. Apoyadas contra la fria pared pintada de verde eran tres madonnas dolorosas cada una con su propia circunstancia.

En el expediente judicial se certificaba :”fisura anal en hora seis”