viernes, 26 de marzo de 2010

La sombra de nosotros mismos





Esta es una realidad que está en todos lados.
Si las democracias del siglo XXI
siguen mirando para el costado ,
¿qué están esperando?
¿ Nuevos terremotos o nuevos genocidas ?

Redes de familia

Patricio ha vuelto a  la casa paterna urgido por papeles legales. Pensó hacer el trámite en poco tiempo y volverse a la capital. Ya nada de lo que había en ese entorno de su pasado lo conmovía ni le interesaba. Cumplía solamente con un trámite. Sólo éso. Llegó después de manejar doce horas sin parar. Está acostumbrado. Abrió la tranquera y tampoco sintió nada. Esa tranquera que era el límite de la propiedad y que fue soporte de infinitas horas de juego sobre el vaivén de sus fuertes travesaños de quebracho.En aquel entonces tenía ocho años recordó, pero se mantuvo inmutable. No estaba para debilidades. El disgusto con su hermano había cambiado todos sus planes  y la casona sería rematada en pocos días. Se armó interiormente para que nada lo afectara en ese regreso después de tantos años. Sólo el enojo con Esteban podría ganarle la partida. Avanzó por el camino bordeado de eucaliptos y llegó a  la rotonda frente a la casa. Se detuvo e inspeccionó el edificio. Fue una vista rápida para constatar cómo había pasado el tiempo sobre la veterana estructura de ladrillo y piedra. Bajó de la camioneta. Avanzó hacia la puerta principal que estaba entornada,  subió la escalinata  también de piedra y alcanzó la galería cubierta . Allí se detuvo y esperó. Sabía que la casera  estaba porque nunca se había ido y lo esperaba. En efecto , Rosario apareció . Estaba allí delante de él sin atreverse a decir más que un Buendía Patricio , cómo estás ?  No se animó a acercarse más. El  tampoco. De pronto esa mujer también era una extraña absoluta ,con los años de la intemperie marcándole el rostro. Recuerda que su padre la puso en la casa grande cuando su madre  murió. Rosario, aquella Rosario que suplantó a su madre estaba allí, estática.Sin embargo se transformó cuando cruzó el umbral. A él le pasó lo mismo.La casa con su propia  vejez,  le hablaba. Una catarata de recuerdos fueron derramándose sobre cada rincón que observaba ,ahora ya instalado en la amplia sala donde se servía el café después de los almuerzos en tiempos  remotos. Sin embargo aunque no era la hora Rosario repitió el ritual y sirvió el café con la delicadeza de los detalles que siempre tuvo . Allí estaba la bandeja de plata perfectamente lustrada, las tazas de porcelana heredadas de la abuela irlandesa, la fina sevilleta de hilo blanco perfectamente planchada. De inmediato Patricio sintió el aroma del café con vainilla en su boca y  Rosario sentada frente de él, sonrió. Ella sabía que eso iba a suceder cuando Patricio volviera a tomar su café a la vainilla . El clima se distendió. Preguntó algunos detalles del movimiento del campo sólo para hacer más humano el encuentro .A la muerte de su padre , su hermano se había hecho cargo de esa propiedad, él del hotel en la capital. Durante años pensó que todo funcionaba bien, que el pacto para mantener el patrimonio se habia cumplido pero el accidente de Esteban había cambiado las cosas. Fue entonces cuando Patricio se enteró de que su hermano descuidó el pago de impuestos durante años y la propiedad estaba sujeta a remate porque Esteban ni siquiera  le comunicó qué estaba pasando. Ahora inmóvil en una cama, le había contado la desastrosa administración que había hecho.  En ese momento entró en la sala una muchacha vestida con jean , camisa  a cuadros y el cabello atado en una larguísima cola de caballo.Sin  mucho protocolo se le acercó y lo saludó con un  hola  más propio de las chicas de la ciudad que de esta muchacha criada en el campo.Se sentó en el otro sillón al lado de Rosario. Ahora Patricio preguntó por Ángeles. Hubo un largo silencio que  lo desorientó . Esperó. Rosario le contó todo lo que necesitaba saber. Ängeles  ya no vivía allí. Se fue después de tener a Micaela, dijo mirando a la joven que tenía al lado y agregó- ella es mi nieta. Volvió el silencio. Sintió una extraña opresión. Todo el despliegue de energía que había tenido estos últimos meses para solucionar los problemas de la familia se derramaban en esa sala ante la presencia de esa joven que lo miraba sin intimidarse. Fue Rosario quien, con el derecho que le daba haber sido la custodia de la casa,  le dijo a la muchacha que se retirara y  cuando quedaron solos ,sin preámbulos, le contó el abuso de Esteban. Micaela es hija de Esteban espero que vos, que sos mejor persona  aclaró , lo aceptes porque sabés que es verdad. Cuando nació, tu padre me quitó a  
Ángeles y la mandó  a vivir con mi hermana en la estancia de los Pacheco, allá en Mendoza. Calló . Patricio con los sentimientos a esta altura desbocados , entendió que había sido víctima de un silencio inadmisible.  Pensó en la poderosa autoridad de ese padre por el cual siente ahora , un poderoso rencor. Se puso de pie ,  anunció que se haría cargo de la joven y que tendría el apellido de la familia. Salió de la casa para respirar y concentrarse nuevamente en los hechos. Miró la extensa tierra que le pertenecía tanto como a su hermano, observó el abandono de los sembrados y la ausencia de peones que deberían estar allí haciendo su trabajo. Pero no. Sabía que no había ya más peones, que no había siembras ni cosechas. Comprobó que Esteban  siempre había mentido. Regresó a la casa absolutamente turbado. Rosario completó la historia del abandono de Esteban quien lo último que había hecho fue vender los caballos para no volver .Necesitó tomar aire. Salió otra vez . Galopaba sobre sus sentimientos como un animal . Ya era otro. Volvería  a Buenos Aires sabiendo que su vida había tenido un giro impensado porque tendría que enfrentar a su hermano para legitimar a la hija de Ángeles esa muchacha que él mismo había amado y respetado  en silencio . Repitió ese nombre, Ángeles y maldijo a  su padre y a su hermano sin ningún remordimiento

La breve distancia


Martina aguarda que le traigan su café cortado en jarrita, como siempre. Esta sentada a una mesa en el centro del salón porque las orillas de amplios ventanales la intimidan. Aguarda  a Fernando el abogado que lleva su caso. Está a dos cuadras de los tribunales y la audiencia es para dentro de media hora. Se siente agitada y cansada de tantas peleas con el padre de su hijo. Hace tiempo ha dejado de ser mínimamente feliz y sigue soportando  una historia de atropellos , injurias e incumplimientos que la dejaron sin fuerza. Ahora otra vez la presentación ante el juez .Ahí están los mismos cargos agravados por el tiempo transcurrido, las mismas dilaciones que hacen  a la naturaleza  misma de esta justicia en la que ya no cree. Sin embargo está allí porque hoy debe creer.Sabe que  en este juego perverso la víctima tiene que demostrar que es víctima y el victimario ,abierta o solapadamente ,se burla de la situación, tal el caso del padre de su hijo.Sadismo puro ,se repite . Sabe que su ex marido tiene poder económico y político y eso es todo un tema. Contra ese poder está lidiando. Mira su reloj. Ahora faltan veinte minutos y Fernando no llega. Piensa en Jerónimo para apaciguar su ansiedad. El niño ha quedado con sus suegros que apoyan su causa porque saben que lo que ha denunciado es cierto. Le han confesado que ellos habían ocultado demasiado tiempo la pedofilia de su hijo pero cuando llegó hasta Jerónimo decidieron hablar y lo hicieron. Para Martina fue un alivio y un dolor.Sus suegros no han titubeado en ir a los medios a exponer su testimonio. La causa se mediatizó de tal forma que Martina se siente desbordada. No era lo que quería para ella pensando en Jerónimo  pero comprende la angustia de sus suegros. Ahora ellos también han sido amenazados. Martina mira a su alrededor. Hombres y mujeres juntos o solos haciendo sus propias historias ésas que se construyen más allá de esas cuatro paredes.Están  haciendo un alto allí imagina , para reunir pedazos de buenos recuerdos o de dolorosas despedidas. Algunos simplemente están en la rutina de la lectura del diario. En ese bar Martina leyó por primera vez el  escrito que le entregó Fernando donde se describía técnicamente el abuso sufrido por Jerónimo. Ese día lloró desconsoladamente y no le importó que la escucharan desde las otras mesas. En este mismo momento siente las mismas ganas de llorar pero se contiene.Hoy es un audiencia clave. Fernando llega justo a tiempo. Le señala su carpeta y le indica que todo está bien. Ella se levanta. El deja la consumición paga y salen. En la intemperie de la calle Martina se toma del brazo de Fernando. Siente un escalofrío que la recorre toda. El  nuevo escrito decidirá cuán cerca o cuán lejos está la Justicia de hacer justicia y ella  de recuperar el tiempo perdido en los pasillos de los tribunales, ese tiempo que debió tener para estar con su hijo  sin lágrimas y con las fuerzas necesarias para los abrazos y los  juegos que tanto necesitan los dos.